Cádiz rechaza el autobús de la transfobia de Hazte Oír: tus genitales no definen tu género

Con el lema “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva”, Hazte Oír pretendía responder a la campaña de Chrysallis en la que se reivindicaba la existencia de niños con vulva y niñas con pene, visibilizando así a la infancia trans.

Cuando aseguran que lo dice la biología se olvidan que esa misma biología hace décadas reconoce la existencia de al menos 5 sexos biológicos, demostrando que nuestros cuerpos son mucho más diversos. No sólo existen hombres y mujeres, existen otras posibilidades.

Que no te engañen, esa concepción binaria (dos sexos-dos géneros) parte de la idea de que hombres y mujeres somos complementarios, con funciones sociales diferenciadas y desiguales. Lo reproductivo (tareas domésticas, cuidados, encerrados en el ámbito privado del hogar) frente a lo productivo (espacio público, de participación social y política), que se mantiene aún cuando las mujeres nos hemos incorporado a lo productivo (al mundo laboral) sin repartir el trabajo de casa. No sólo nos imponen ser diferentes sino que nos hacen desiguales, en tanto que “lo femenino” es inferior a “lo masculino”.

Ese binarismo de género tiene que ver también con negar la existencia de la posibilidad de las personas trans (y otras identidades, por ejemplo: intersex y no binarias), pues quienes no encajan en esas categorías “hombre” y “mujer” ponen en cuestión su sistema. Un sistema hegemónico basado en la discriminación y violencia hacia quienes se escapan de esa exigida triple coherencia entre sexo, género y orientación sexual que pretenden imponer los sectores más conservadores.

Es decir, si naces con genitales masculinos, debes comportarte como un hombre (tal y como esta sociedad patriarcal entiende que debe ser un hombre) y sentirte atraído por las mujeres (encajando así en la heteronormatividad), y lo contrario si naces con genitales de mujer.

Desde el movimiento transfeminista afirmamos que nuestros genitales no definen nuestro género, ni quiénes somos ni quiénes nos atraen. Sexo, género y orientación sexual son independientes. Nuestra identidad la definimos con 2-3 años de vida, por esa razón encontramos a niños y niñas trans, aunque haya a quien le resulte incomprensible.

No pueden hablar de libertad de expresión aquellos que pretenden invisibilizar y discriminar a quienes son diferentes. Las opiniones que generan odio y violencia no son respetables. La campaña de Hazte Oír ha tenido consecuencias: aumento de las agresiones a las personas trans en algunos centros educativos, donde a algunos menores se les han bajado los pantalones. Esta campaña no ha hecho más que incentivar el acoso que las personas trans experimentan en los centros de estudios. El 78% de las personas trans se sienten inseguras en la escuela, el 38% ha sufrido agresiones físicas.

La transfobia es violencia: humillaciones, insultos, invisibilización, agresiones, acoso, asesinatos, suicidios que tienen como causa esa transfobia. Más de la mitad de las que han sido agredidas en su centro de estudio han intentado suicidarse. Ante esta situación, poner en circulación un autobús con un mensaje transfóbico es legitimar e incentivar estas discriminaciones.

Aunque en la actualidad hay una legislación que ampara los derechos de las personas trans, aún quedan muchos derechos por conseguir para una igualdad real. La ley exige el diagnóstico de disforia de género y dos años de tratamiento hormonal para cambiar el nombre y tu sexo legalmente, continuando así con la patologización de las personas trans, es decir, convirtiéndolas en enfermos mentales en lugar de reconocer el derecho de autodeterminación de sus propios cuerpos y de decisión sobre la propia identidad, tutelando el proceso por un psiquiatra que limita el derecho de las personas trans a su autonomía. Además, las leyes actuales siguen sin reconocer la existencia de otras identidades que se salen del marco hombre-mujer. Para el Estado esas personas no existimos.

Otros problemas legales se dan al tener que identificarse al matricularse en la universidad o para cualquier actividad administrativa, teniendo que dar explicaciones. Explicaciones que también te pueden pedir en un baño público. Sin olvidar en aquellas personas que no tienen una casilla que marcar o un baño al que entrar porque su identidad directamente no existe para la sociedad.

El colectivo trans sufre unas discriminaciones que son completamente invisibles y que hacen que la transfobia sea una realidad cotidiana para estas personas. A continuación vamos  a señalar algunas de ellas.

El índice de suicidios en las personas trans es del 41% frente al 1,6% de la población en general. Tras esta cifra está la pobreza que viven las personas trans (6 veces superior a la media), rechazo por parte de la familia (57% de posibilidades de que te rechacen) y la mayor posibilidad de sufrir violencia doméstica (un 19%).

Si hoy en día encontrar trabajo es difícil, aún lo es más cuando eres trans, multiplicando por dos la tasa de desempleo media. Y si lo consigues, el 90% de las personas trans tienen problemas en el trabajo por el hecho de ser trans.

Buscar casa tampoco es fácil cuando eres trans. Un 20% es rechazado al buscar una vivienda. Únicamente el 34% tienen casa propia, mientras que la población general alcanza el 67%; si además eres negra y trans ese porcentaje pasa a ser del 14%.

Hazte Oír representa a ese sector conservador y ultracatólico que pretende convertir su moral en ley, imponiéndonosla a los demás, negando la necesaria separación entre Estado y religión que es fundamental para la garantía de la libertad de todas las personas y que entendemos como uno de los pilares de una sociedad democrática.

Hazte Oír se ha visto obligado a recular ante el rechazo social a su campaña. En nuestra democracia no tienen cabida aquellos que no reconocen las conquistas feministas y de los colectivos lgtbi como parte de su proyecto social.

* Alejandro Galván es activista trans
** Patri Amaya es activista feminista y LGTBI