Cañones cargados de desconsideración e indiferencia

Las obras de construcción de la nueva terminal de contenedores del puerto de la ciudad de Cádiz provocaron el descubrimiento de tres embarcaciones de época moderna, un buque militar español del siglo XVII, uno mercante del siglo XVI y otro holandés de la segunda mitad del siglo XVII, denominados por los equipos arqueológicos subacuáticos Delta I, II y III respectivamente.
En Delta I se recuperaron 29 cañones, 22 lingotes de plata, un astrolabio, cerámica, compases de navegación, elementos de cuero como suelas de zapatos o restos óseos de animales. El pecio tuvo que ser trasladado, ya que obstaculizaba la obra proyectada; mientras que las piezas de artillería halladas se depositaron provisionalmente en un recinto submarino cercano a la zona de los trabajos.

El Delta II contenía siete cañones de bronce genoveses, otros de hierro, anclas, botijas, una caja de madera que contenía diversos frutos, barriles que contenían cochinilla, compases de navegación, elementos de cuero, pipas de caolín, madera tropical o restos óseos. Igualmente, los cañones y anclas fueron depositados de manera provisional en el mismo lugar que el caso anterior.

Alguna de estas piezas arqueológicas, las más interesantes y manejables, parecen haber sido trasladadas a instalaciones de la Junta de Andalucía, caso del astrolabio presentado en una conferencia en el Museo de Cádiz el día 20 de noviembre del pasado año.

Sin embargo, el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), dependiente del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) de la Junta de Andalucía, órgano coordinador de los distintos trabajos arqueológicos durante la obra, recomienda que los elementos restantes se coloquen en una posición submarina definitiva, a suficiente profundidad, debido a la problemática que presentan los restos arqueológicos para ser estabilizados y conservados fuera del agua. Por esta razón, la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz ha licitado por una cantidad de 88.837,52€ (IVA incluido) un proyecto que tenía previsto desde hace algo más de un año y medio para la extracción temporal, identificación, traslado y posterior fondeo de los cañones y elementos arqueológicos procedentes de los pecios 1 y 2.

Los trabajos a desarrollar con esta cantidad serán el dragado de los sedimentos depositados sobre las piezas de artillería en su actual ubicación, la extracción a superficie de los cañones del pecio 1, la realización de una desconcreción localizada en los mismos, su documentación, la protección de la zona desconcrecionada y de otras necesarias en cada elemento e identificación posterior y, finalmente, el fondeo de los cañones en su ubicación definitiva, con registro de dicha localización. Igualmente, se realizará la protección, identificación, carga, traslado, embarque y fondeo de las dos piezas de artillería y de las dos anclas del pecio número 2 junto a las otras piezas. Posteriormente, todo se concluirá con la elaboración de un informe final de la actuación arqueológica.

A esta situación se suma que, para realizar estas labores, las piezas de artillería y otros restos arqueológicos serán extraídos y depositados en una pontona, de manera que ni siquiera se trasladarán al CAS ni tampoco se conservará ninguno fuera del mar debido al elevado coste que ello supone. La escasa preocupación de la administración viene marcada desde el inicio de las obras, pues parece que sorprendió a todos la aparición de barcos hundidos en el entorno del puerto de Cádiz. Algo que nos choca que sorprenda, puesto que los fenicios llegaron hace 3000 años en barco, los romanos-gaditanos exportaban sus mercancías en la antigüedad por todo el Mediterráneo mediante navíos y si Cádiz vivió un siglo de oro en el XVIII, con el traspaso de la Casa de Contratación, fue gracias al comercio marítimo. Lo extremadamente raro hubiera sido que se encontraran carreteras.

Parece que todo se ha ido disponiendo al ritmo marcado por las obras de la nueva terminal y no por una programación previa. Un ejemplo de ello es que se propone que los cañones y otros objetos serán de nuevo fondeados, sin indicarse en ningún momento si se van a proteger debidamente, para evitar así la creación de un posible punto al que acudan expoliadores del patrimonio subacuático, o si la intención de la Junta de Andalucía es la creación de un parque arqueológico, al estilo del de Baia, en Nápoles, en donde se vean los restos bajo el mar.

Lo único que sí parece que se han previsto fueron los costes de la obra, intentándose que la inversión fuese mínima.
La última vez que aparecieron piezas de artillería de época moderna en Cádiz, es decir, los 16 cañones hallados con motivo de las obras de ampliación del aparcamiento subterráneo de Canalejas, su restauración fue sufragada por Navantia. Sin embargo, parece que ahora ninguna entidad quiere encargarse de tal acción y toman el camino más barato y contrario al bien común, como es el sumergir de nuevo las piezas.

Sin embargo, dentro de las medidas de fomento y protección del patrimonio que se deben tener en cuenta, según la legislación promulgada por la propia Junta de Andalucía, se establece un porcentaje de hasta un veinte por ciento extra del presupuesto total de la actividad que se realice para conservación y restauración.

Un comunicado lanzado con fecha de 24 de marzo de 2014 de manera conjunta por Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz (A.P.B.C.) y la Junta de Andalucía anunciaba que la primera fase de la obra, en la que se recuperaron los dos primeros pecios, supuso un desembolso de unos 2,5 millones de euros. A esta cantidad habría que sumar los gastos de la intervención en el tercer pecio, por lo que ya contaríamos con más de 12.000 euros que se podrían haber destinado a la restauración de esos cañones.

A esta situación se uniría que podría haberse solicitado el conocido como “uno por ciento cultural”, es decir, la obligación de destinar en los contratos de obras públicas una partida de al menos 1% a trabajos de conservación del patrimonio cultural español, llegándose incluso al 1,5% para el caso de las obras publicas organizadas por el Ministerio de Fomento.
Por lo tanto, vemos cómo la Junta de Andalucía no cumple con su propia legislación, evadiéndola en todo momento en favor de la administración promotora de esta obra, la A.P.B.C.

Además, en ningún momento se ha planteado la cesión de todas las piezas de artillería, una vez restauradas para que puedan ser dispuestas por las murallas y baluartes que tiene la ciudad de Cádiz. Así, se ha imposibilitado que todas esas piezas se sitúen, por ejemplo, sobre las Puertas de Tierra, recuperando la entrada al casco histórico en parte la imagen que mostraba allá por los siglos XVII y XVIII, con el consecuente impacto visual y turístico.