El ruido y las urnas

Cuando pare el ruido, sólo entonces, podré explicarte y quizás me entiendas. Cuando silencien el estruendo y los ladridos de esta jauría insaciable, te diré que a mí nunca me gustaron las fronteras; representan las cicatrices del pasado y cargan con ese tufo a guerra, muerte, huida y desesperación. Ocurre en el sur, en el mar que separa a dos continentes y hasta donde llegan los cuerpos hinchados y deshidratados. También, en el norte y en el este, donde arrinconan a los supervivientes en una franja de tierra. Aun así, si algún día callan los voceros del odio contra las minoría, si por fin podemos hablar sin gritos, rabia ni aspavientos, te contaré el porqué defiendo mi nación y la suya. Su derecho y el mío a no cargar con una herencia impuesta a sangre y espada, a elegir donde empieza y acaba, a expresar sin miedos ni censura lo que cada cual siente.

Que mi bandera tiene los colores de la convivencia entre los pueblos, de las identidades despojadas de la intolerancia y la endogamia. Mi bandera respeta la diversidad. No se defiende con tanques, ejércitos ni metralletas, sino con la palabra. No teme a la expresión ni las urnas. No censura las preguntas y los matices. No carga con tantos complejos rancios y trasnochados, más cercanos a otras épocas oscuras.

Igual algún día, mientras curamos las heridas, conversemos sin alzar la voz. Porque la convivencia comienza con el reconocimiento. Porque votar no separa -a pesar de que repitan mil veces la mentira- une, pues recoge las inquietudes de una sociedad, su historia y sus deseos que anhelan desde hace ya más de un siglo. Cataluña no se enfrenta a España. Ni los catalanes a los españoles.

No se trata de una guerra, ni de un conflicto, ni un desprecio. Sólo es el deseo de decidir qué quieren y cómo. Simplemente eso. El ser no te convierte en anti de nada ni nadie.

No te dejes confundir, el miedo lo tienen ellos a que dejemos de asumir lo establecido. Temen los referéndums como temen las expresiones en cualquiera de sus formas. Ni tú, ni yo, ni él trazamos la línea en el mapa o clavamos la bandera. El mundo evoluciona y cambia desde su origen por más que un PP anclado en su ascendencia fascista se niegue. A pesar de un Partido Socialista ambigüo, que reconoce naciones de forma arbitraria y con unos marcos impuestos. En contra de un Ciudadanos que en media legislatura ha abandonado el Parlamento dos veces: Una para no condenar el franquismo y la otra para impedir que las personas decidan. Por mucho que la misma Convergència, que ha sido muleta histórica de los gobiernos del régimen en Madrid, ahora intente apropiarse de las movilizaciones populares que clamaron por la soberanía.

“Desde hace muchos años estoy dedicado a escuchar las otras voces, las no escuchadas, de tratar de ver los colores escondidos. Las voces del poder me aburren. Sólo generan ecos, y ecos de ecos. Son las otras las que valen la pena”, dijo Galeano.

Y esas voces, aplacadas en el tiempo, merecen tanto peso como cualquier otra. Para que las fronteras dejen de significar muros, alambradas y heridas. Para que las cicatrices del pasado se diluyan junto al ruido y hable la gente para marcar su destino.

David de la Cruz es Responsable de Prensa de
PODEMOS en la provincia de Cádiz