La habitación del ruido

Pretendo buscar la forma de rendiros cuentas sin interferencias. A ratos, la política local se convierte, para mi pesar, en una habitación llena de ruido. Mi principal propósito de Año Nuevo va a ser salir de la habitación del ruido.

Hay quien dice que prometimos tantas cosas que no somos capaces de cumplirlas. Pero a veces lo hacen desde cierto cinismo. Con una mano exigen a un gobierno que lleva un año y medio los grandes resultados que ellos no han sido capaces de poner en pie en veinte, y con la otra bloquean cualquier posibilidad de darles viabilidad. Y no se cortan en llamarnos populistas y malos gestores. Yo me pregunto si lo populista no es derrochar en propaganda y obras faraónicas mientras se despedía a trabajadoras sociales del Ayuntamiento y se engordaba una deuda de 275 millones de euros que pesa como una losa. Y luego están quienes, a ratos, como el PSOE, pretenden echarle la culpa a este gobierno municipal de año y medio de su falta de diligencia de más de una década con la ciudad.

Hay cosas que no se ven. Cosas sencillas y necesarias que distan mucho de ser populistas. Que son lo contrario. Cosas que no son «inaugurables». Como acortar los plazos para pagar a los proveedores y reducir la deuda con ellos en un 45%, porque sabemos que muchas son pequeñas empresas de Cádiz que generan empleo aquí. No es populista aumentar la inversión social en un 30% mientras se reducía más de un 90% el gasto en publicidad institucional del PP, a riesgo de ser abiertamente odiados por algunos medios de la ciudad. No es para posar descorriendo una cortinilla de terciopelo rojo haber acabado con la lista de espera de la dependencia, pasando la triste vergüenza de llamar a familias cuyos beneficiarios hacía años que habían fallecido. Esas cosas no se puedan inaugurar con un cóctel elegante para la portada del periódico. Tampoco el protocolo antidesahucios, el servicio de intermediación laboral o un bono social eléctrico peleado a base de diálogo que haga que los vecinos de Cádiz puedan dejar un día de ‘mendigar’ con sus facturitas de la luz una ayuda en la calle Zaragoza, Cruz Roja o Dora Reyes. Lo populista era llenar los palcos del Falla de favores devueltos. Igual que repartir subvenciones sin convocatoria pública y favores por las esquinas de la ciudad, esto para ti sí y para ti no. Ciertamente, vecinos y vecinas, era muy poco populista reducir el pliego de alumbrado extraordinario de Navidad y Carnaval para abordar inversiones urgentes en alumbrado ordinario de calles enteras que necesitan una obra en condiciones para que no haya apagones en los picos de demanda eléctrica. Muy poco populista. De hecho, abiertamente impopular. Pero lejos de lo que han dicho hasta la saciedad, hemos puesto en la organización de la Navidad gaditana el mismo cariño y esmero que pusimos en la Regata, el Carnaval o la Semana Santa. No sólo porque amamos nuestras fiestas y tradiciones, sino también porque sabemos que son fundamentales para dinamizar la vida económica de la ciudad.

De todas formas, ¿cuántas veces generaron miedo y malos augurios desde grandes tribunas para cada evento que organizábamos? Y luego, nada, mucho trabajo, mucha ilusión, errores, que no estamos exentos de cometerlos, y normalidad.

Otros ataques dan para escribir una enciclopedia del disparate. Cuestiones que no son el resultado de la legítima y deseable discrepancia en una sociedad democrática. Mentiras. Mentiras pelonas. Mentiras como que el alcalde se ha comprado un chalet en El Puerto o que se ha mudado a Puerto Real, o las dos cosas a la vez, como me preguntó hace muy poco un electricista que vino a arreglarme el portero automático a mi casa de la Viña, la única que yo tengo.

Ninguna habitación de ruido. En 2017 vamos a salir de ella y vamos a trabajar duro el tiempo que quieran los gaditanos y gaditanas y el que permitan los de las amenazas con sus mociones de censura. Vamos a luchar con la misma ilusión del primer día por un bono social eléctrico y luego seguiremos con la garantía de suministros hídricos vitales, con la remunicipalización sostenible y bien hecha de servicios municipales privatizados, reabriendo el pabellón Francisco Blanca y desbloqueando la recuperación del Portillo, haciendo más seguro el perímetro del Paseo Marítimo, implementando el programa de alquiler justo, contribuyendo a integrar el Puerto en la ciudad, apoyando al cooperativismo y la economía social mediante microcréditos. Desarrollando y mejorando la introducción de cláusulas sociales para que los contratos del Ayuntamiento contribuyan a generar empleo en la ciudad. Tendiendo sinceramente la mano a todas las instituciones y fuerzas políticas que entiendan que el primer partido en el que debemos militar es la ciudad de Cádiz y su gente. Todo eso y una batería importante de planes y estrategias para que el Ayuntamiento tenga las mismas urgencias y prioridades de la gente. Y los que quieran seguir instalados en el ruido y los golpes no me van a encontrar sirviendo de sparring. Nosotras y nosotros vamos a buscar en los barrios la sinfonía politonal de las críticas y las propuestas y la participación a puerta abierta. Sin ruido. Al servicio de los ciudadanos.

Publicado originalmente en Diario de Cádiz el 15 de enero de 2017