Editorial

Los honores de la tortura

Ardieron las redes cuando fue publicada la imagen de un torero que recubrió su torso con la bandera franquista. Lo más triste es que probablemente no haya ni incongruencia ni escándalo, ¿existe acaso una bandera más apropiada para representar el esperpento que supone la tauromaquia? Aunque lo quieran disfrazar de cultura, la tauromaquia es tortura: representa a un régimen desfasado y marcado por la vejación y la violencia en batallas lideradas por tipos toscos, de formación cuestionable y maneras de macho ibérico, contra un rival desprovisto de dignidad y de armas que hagan de la lucha un combate entre iguales.

Pero, y he aquí el verdadero problema, no es la bandera la única condecoración que el torero en cuestión, Juan José Padilla, podría lucir en el ruedo, aunque sí la única que no le sobra. Por lo visto, las administraciones públicas consideran que la tortura y el asesinato de animales merecen honores como el nombre de una calle o la mismísima Medalla de Oro de la provincia de Cádiz, aquella que se concede a todos aquellos ciudadanos y ciudadanas que destaquen en diferentes ámbitos de la cultura, las artes, la ciencia, la investigación, la docencia o el deporte. Bien. Cabe preguntarse si este tal Padilla será científico, investigador, docente o deportista de élite en los ratos en los que no mata, a no ser que matar sea considerado un arte en esta tierra nuestra.

Insultante para los verdaderos artistas que hacen de este un mundo más bello. Denigrante para nuestra hermosa cultura.
Tras la exaltación del franquismo por medio del lucimiento de su bandera el pasado 16 de septiembre, Podemos e IU han reclamado la retirada de la citada medalla al torero por atentar contra la Ley de Memoria Histórica. El pleno de Diputación ha prometido estudiar el caso, pero no sabemos si finalmente lo hará ni cuándo.
Apelando al sentido común, lo verdaderamente sorprendente es que alguna vez un grupo de personas haya considerado que la tauromaquia sea merecedora de la más alta distinción de nuestra provincia.

Suponemos que, entre los requisitos a valorar se encuentra el de “Serán merecedores de tal distinción aquellos individuos que destaquen notablemente en la habilidad de torturar y matar con frialdad y maestría”. Ejemplar y educativo. ¿Qué tipo de personas componen el órgano institucional capaz de conceder atribuciones meritorias a una actividad violenta y vejatoria? Este hecho por sí solo es un ejemplo de los valores más rancios y deshumanizados que, por desgracia, perviven en esta sociedad. Pero que, por suerte, ni son los únicos ni nos representan a todas y a todos.

Afortunadamente, la sensibilidad y el respeto por los derechos de los animales es cada vez mayor en la sociedad. Un 70% de andaluces rechazan las corridas, según el informe Afición a los toros y abolición de las corridas.

Ya que no pudimos impedir lo absurdo de su concesión ni tampoco se la podemos quitar por torturador, déjennos exigir que Padilla sea despojado de la medalla de oro de la provincia por exhibir en un espacio macabro la bandera que exaltó elevó a la categoría de arte y de cultura a la violencia más cruel contra los animales. Al menos sería un primer paso para empezar de una vez a restablecer la decencia y la dignidad a la verdadera cultura de esta patria.