Pedro el de los Majaras, pregonero del Carnaval: «Todo lo que quiera decir a Cádiz, se lo quiero decir de corazón»

“Fíjate niña si tengo años, que la primera entrevista me la hicieron a mí con una tiza en lo alto de un mostrador”. Así arranca nuestro encuentro con el pregonero del Carnaval 2017, que no podía desarrollarse en otro lugar que no fuese el Puerto de Santa María, allí donde anida la mitad de su corazón, porque la otra mitad, hasta un cachito más me atrevería a decir, se lo dejó en Cádiz para la eternidad desde que se envenenara con la locura incurable de su bendito Carnaval, allá por el año 1962, con Fantasía Bandolera. Marfil, Juan Mena, Antoñito Majara, Manuel Palma y Pacoli, rodean la mesa escuchando mis preguntas y sus respuestas, con la sonrisa que da la nostalgia, la añoranza y, también, la admiración; entre el humo del tabaco y el olor a café recién hecho. “A mí me fichan porque yo trabajaba en un fábrica de lejía con 14 o 15 años. El Chusco y el Pote, dos grandes autores portuenses, se sorprendieron al oírme cantar tras los bidones de lejía. Decían ‘hay que ver cómo canta el cabezón ese’, porque yo nada más que tenía cabeza, mu’ ‘delgaíto’, mucha hambre, pero mucha cabeza… y un día me esperaron los dos en la calle, para preguntarme si me gustaría salir en Carnaval. Por aquel entonces, yo ya había escuchado a Los cacos, de Clavaín, una chirigota que me impresionó, y acepté. A los días, se enfadan los dos confiteros a cuenta de una discusión en el trabajo y sacan cada uno su comparsa por separado. A mí me convenció el Pote, y el Chusco saca Los Quijotes. Ganamos nosotros, Los Bandoleros, primer premio provincial. Y así empieza la historia”.

Una historia ininterrumpida de carnavales hasta la actualidad, y en la que asegura haber cumplido todos sus sueños, pero no por él, sino por los Majaras. Por ello es rotundo cuando afirma que “el pregón lo van a dar los Majaras, aunque yo tenga que leer el papel”. El director portuense nos cuenta que una vida entera llena de carnavales lleva consigo la renuncia de muchas cosas, “por mi trabajo en el bar y los ensayos, yo a mis hijos los veía durmiendo. La gente decía que yo parecía un cuadro, porque solo se me veía de cintura para arriba, nunca salía de la barra, sólo para irme a ensayar”. Es el nombre de ese bar el origen del apodo por el que popularmente se conoce a esta mítica comparsa que conserva entre sus filas el grupo más longevo del Carnaval. De entre los protagonistas de esas filas, se deshace en halagos hacia Albaiceta, a quien describe como inimitable y único. Es este contralto portuense uno de los emblemas de esta comparsa, como emblemáticas fueron Raza Mora o Simios. “No estoy de acuerdo con que sean las de más calidad, hay otras mejores aunque no hayan calado tanto popular e históricamente, como Andaluces de Jaén, Apaches de París o los Charlotte”.

Sus manos y su voz han dirigido agrupaciones ochenteras, actuales, y también las que sufrían el látigo silenciador de la censura en las conocidas “Fiestas Típicas Gaditanas” durante la dictadura franquista. “Eso sí que era complicado, presentar tu cancionero. Tuvimos muchísimas experiencias negativas con la censura donde nos sancionaron letras y tuvimos que modificarlas en el camerino. El Carota siempre se llevaba su manta porque de la actuación se iba directo a la Prevención”, relata entre risas el veterano comparsista. La risa que provoca la picaresca gaditana que siempre le ha echado un pulso al poder y a la diplomacia de la norma establecida. “Y en la calle, bueno, tú mirabas para los lados, y si no había guardias, lo cantabas”.

Habla con una pasión indescriptible, con la ilusión del que inicia su andadura y con la sapiencia del maestro, dirigiendo sus recuerdos carnavalescos más bonitos hacia la solidaridad y los buenos gestos: “Hemos cantado a una señora que no quería morirse sin escucharnos, en las cárceles a los presos. Entre esos buenos recuerdos, se encuentra la suerte de haber conocido al Chusco, me puedo morir tranquilo de haber conocido a una persona que llegas a amar, porque era bueno, puro. Cada vez que venía al Puerto nos besaba a todos. Sin duda ha sido uno de los grandes autores de nuestra comparsa”. También evoca el recuerdo de aquella noche donde rindieron tributo al poeta del Puerto, don Rafael Alberti, con El fantasma de la ópera. “Nos invitó a comer a todos después de cantarle. Su mujer nos dijo agradecida que, en vez de uno, tenía quince más”.

Cuando se le pregunta acerca de lo que no ha sido tan idílico ni hermoso, Pedro es rotundo, “me mata que se lleven tan mal entre los comparsistas, no puedo entenderlo, porque tú ganas hoy, pero mañana puedes perder. Antes no había esa competencia porque habíamos tres gatos, Paco Alba, Villegas, la comparsa del Puerto, el coro de Puerto Real, la chirigota de Fletilla. la de Agustín González y para de contar. Había que llamar incluso a cantantes para rellenar esas finales tan cortas, solían ser artistas invitados del cante flamenco. Ya no hay carnaval, hay poca afición, ahora hay fans, que van a ver a la suya y después se marchan. La buena afición se ha perdido”.

Con respecto al carnaval actual y la calidad del mismo, Pedro reconoce que quizás por su edad ya esté obsoleto. “Es que lo que me gusta a mí ya ha pasado, Capricho Andaluz, en la que me hubiera encantado salir y que le dio un vuelco al Carnaval, los Tarantos, Entre Rejas. Comparsas bonitas las que hacía ese hombre. También hubiera salido en Hombres del Mar o en Los Beatles. Mis autores favoritos siempre han sido Paco Alba y Villegas. Ahora las comparsas no se entienden, venga voces. Albaiceta y Manolito Pelajigos (su voz era un clamor, ópera carnavalera), na más que hubo uno, y Catalan Chico, y Dávila. Yo vengo de aquella generación, pero las hay muy buenas, aunque a la mayoría le falta alma, está todo muy mecanizado, comparsas robotizadas, ensayadas al milímetro, hasta los rabillos. Aunque estén un poco más desarmadas las voces, pero si tiene alma, si está agarrado a Cádiz, te llega. Y eso lo echo de menos”.

Pedro siempre ha amado cantar en la calle, pero nunca ha disfrutado como aficionado
del Carnaval callejero porque siempre ha participado en él de manera activa. “Nunca lo he vivido porque siempre he estado participando con mi agrupación. Recuerdo en el Cádiz antiguo en Carnaval, nosotros íbamos desfilando en la cabalgata e íbamos cantando, como cuando pasa un paso de Semana Santa en un pueblecito. Cantabas y no había ruido, ahora es un escándalo continuo”.

Confiesa tener miedo a este reto con el que pretende poner la guinda a su extensa trayectoria carnavalesca. Miedo por su profundo respeto al Carnaval que tanto le ha dado y por el que tanto ha ofrecido. Reconoce sentirse emocionado cuando escucha a la gente llamarle por la calle “pregonero”. “Yo ya lo había rechazado dos veces: a Carlos Díaz, cuando me dieron el Antifaz de Oro, y a Teófila, el año de Medio Siglo. Y ahora, pues me llamó Kichi, le consulté a Palma, y me dijo que si no lo aceptaba, me echaba de la comparsa. Por otro lado, mi mujer, que dice que no tengo memoria pa na, me dijo: ‘de eso te acuerdas’. Yo siempre había soñado con pregonar el Carnaval de Cádiz, pero me presionaba mucho el pensar que toda mi trayectoria se pudiera ir al traste por culpa de esto, por no saber llevarlo bien. Yo he dicho que sí con miedo, anoche cogí el sueño a las 12 y a las 2 se terminó. Voy a tener que dejar de cantar una semana antes para llegar allí perfecto. Con mi pregón quiero que la gente entienda cómo soy y voy a hacer lo máximo para estar a la altura. Me encantaría leer lo menos posible porque, todo lo que yo quiera decirle a Cádiz y al público, se lo quiero decir de corazón”.

Y seguro que así lo hará, con el corazón en la garganta, la mirada al cielo y el alma recogidita entre los huecos de sus brazos cruzados y apoyados sobre el pecho, en su gesto entrañable característico que tantas noches nos regaló para decirnos que moría de emoción por el calor de su Cádiz, un Cádiz agradecido que sin duda estará con él en la noche que el Puerto más gaditano pregone la historia de un amor incondicional e ininterrumpido.

Adelante, pregonero, te estamos esperando.