Rajoy se apunta al «no sé, no me acuerdo» sobre la financiación ilegal de su partido

  • El líder del PP no aclara nada ni en la Audiencia Nacional ni en el Congreso
  • El partido de Teófila Martínez pretende normalizar la corrupción

Mariano Rajoy preside el Partido Popular desde 2004. Cuando comenzó la trama Gürtel en 1999, Rajoy era uno de los vicesecretarios generales del partido. En las elecciones generales del año 2000, el gran evento del que se nutrió la trama, el actual presidente del Gobierno central dirigía la campaña electoral. Sin embargo, tanto en su declaración ante la Audiencia Nacional (AN) el pasado 26 de julio como en su comparecencia en el pleno extraordinario del Congreso forzada por Unidos Podemos y PSOE que tuvo lugar el 30 de agosto, Mariano Rajoy negó la mayor. Según él, no tenía ni idea de los trapicheos de su partido, de las cuentas B ni de los sobres que repartía Bárcenas (en cuyo registro aparece Teófila Martínez, dicho sea de paso).

Mentira tras mentira

Dice el refrán que la mentira tiene las patas muy cortas y no iba a ser menos en el caso de Rajoy. El presidente acudió al pleno extraordinario sobre corrupción a regañadientes, protestando por tener que ir y sin cumplir con el reglamento de la cámara que le obliga a responder a las preguntas de la oposición.

Ni siquiera fue capaz de pronunciar las palabras Gürtel, Bárcenas, Lapuerta o Correa; como si al no nombrarlos, desapareciera como por arte de birlibirloque toda la trama. Pero lo que es más grave, el líder del PP volvió a mentir.

Mintió, por ejemplo, cuando dijo lo de «Me he sometido siempre al control de esta Cámara porque es mi obligación como presidente. Rajoy es un experto en escabullirse del control democrático: cuando tenía mayoría absoluta ni siquiera permitió algo tan básico como el debate sobre el rescate bancario; y actualmente su partido ha recurrido ante el Tribunal Constitucional la comisión de investigación sobre las cuentas del PP.

Mintió, por ejemplo, cuando dijo «En el primer Consejo de Ministros, en el año 2011, tras los nombramientos del Gabinete, aprobamos una reforma de la Ley de Financiación de Partidos. Antes de que nadie lo reclamara». Esa ley no se aprobó hasta transcurrido un año de la legislatura.

Mintió, por ejemplo, cuando dijo que «están prohibidas las donaciones de personas jurídicas y las de personas físicas que superen los 50.000 euros» porque sabe perfectamente que la ley sigue permitiendo donaciones anónimas a través de las fundaciones de los partidos como hizo el PP con Fundescam.

No sabe, no contesta

Si en la Audiencia Nacional, Mariano Rajoy usó la técnica de la Infanta Cristina de «hacerse el suizo», respondiendo cosas como «me enteré cuando lo vi por los medios de comunicación» o el ya célebre «hacemos lo que podemos significa lo que significa ‘hacemos lo que podemos’»; en el Congreso, Rajoy optó por el «no contesta».

Por ejemplo, el líder de Podemos, Pablo Iglesias le hizo 6 preguntas muy concretas a las que el presidente no supo responder: «¿Por qué mandó aquel mensaje a Bárcenas?», «¿Reconoce los pagos que aparecen en la contabilidad de Bárcenas, al que usted ascendió a tesorero?», «¿Cuándo mintió: cuando detalló los costes de la campaña o cuando en la AN negó conocerlos?», «¿En qué momento preciso se enteró de la financiación ilegal de su partido?», «¿Considera buenos colaboradores a Mato, Rato, Aguirre o Soria?», «¿Piensa que los españoles le creen cuando dice que no sabía nada?».

Normalizar la corrupción

De la comparecencia de Rajoy se deduce que el PP quiere normalizar la corrupción y hacernos creer que es normal que la policía haya estado más de 10h en su sede o que hayan destruido a martillazos los discos duros de los ordenadores de Bárcenas. El partido de Teófila Martínez quiere que se vea como normal tener a más de 800 cargos imputados y que su partido haya generado más de 60 causas de corrupción. El PP quiere hacer pasar por normal cosas tan graves como que sus tesoreros estén investigados y unos cuantos estén o hayan estado en la cárcel o que ministros del Gobierno tengan cuentas en paraísos fiscales.